Más allá del partido: Marsella

Enviamos a la fotógrafa de calle francesa Joanna Lemańska a Marsella para que pudiera descubrir la ciudad, su gente y el fútbol de la UEFA Europa League. Allí encontró belleza, diversidad y un rico contraste entre historia y modernidad en el Mediterráneo.

Marsella, la segunda ciudad más grande de Francia en la costa sur. Bien conocida por ser un crisol mediterráneo de diversidad, con una gran riqueza cultural, histórica y artística. Mucha gente que la conoce diría que tiene un carácter sureño completamente propio. Y también está el acento: un tono cálido y acogedor con una pronunciación exageradamente alargada y cantarina. Solo había estado en Marsella una vez, hace muchos años, pero eso fue antes de que me dedicara a la fotografía, así que mis recuerdos de esa estancia eran vagos. Sin embargo, este viaje iba a ser distinto. Iba a Marsella para ver un partido de la UEFA Europa League entre el Olympique de Marsella y el S.C. Braga portugués. Mi objetivo era vivir la pasión de los fans, los jugadores y la competición como invitada de Enterprise Rent-A-Car, y luego pasar el fin de semana en Marsella para descubrir la ciudad, su ambiente y sus alrededores.

Tan pronto llegamos a Marsella en TGV, el tren de alta velocidad, ya nos sentimos inmersos en el ambiente de la ciudad. La estación de ferrocarril donde bajamos, Saint-Charles, se encuentra en pleno centro de la ciudad. Enseguida noté que Marsella era una ciudad diferente; el ambiente era notablemente distinto al que habíamos dejado en el norte, por no hablar de la temperatura... Gracias al sol del Mediterráneo, estábamos por encima de los 20 grados en noviembre. Había edificios de colores por todas partes, así como gente hablando a voz en grito y sonriendo. Todo eso nos llenó de alegría. Además, nuestro hotel, el Hôtel-Dieu, con una imponente fachada que domina el Puerto Viejo, ofrecía unas vistas espléndidas. Habíamos llegado a Marsella.

Pero habíamos venido a ver un partido de fútbol y el impacto que ejercía sobre la ciudad. Mis conocimientos de fútbol hasta la fecha se limitaban a algunas retransmisiones televisivas: ver a los fans, los equipos y la acción a través de la pantalla, sintiendo su entusiasmo y sus cánticos a bajo volumen. Ahora sentía la agitación de la UEFA Europa League de primera mano, y estaba muy emocionada por experimentarlo. El partido ser acercaba.

"Para mí, poder pasar un fin de semana en Marsella significaba que podría experimentar no solo la "joie de vivre", sino que podría captar más cosas, conocer a sus habitantes, hacer más fotos y explorar las diferentes partes de la ciudad."

Sin embargo, antes de hablar del evento principal, debo hablaros de los tres días en Marsella. Tres días. Un fin de semana largo. Tiempo para descubrir. Ciertamente, tuvimos tiempo suficiente para confirmar unas cuantas ideas preconcebidas de lo que esperábamos encontrar en la ciudad. Había oído que Marsella estaba llena de vida. Beber pastis, jugar a la petanca, saborear una bullabesa... Estas cosas, entre otras, transmiten una intensa sensación de aquello que los franceses llaman "joie de vivre". Para mí, poder pasar un fin de semana en Marsella significaba que podría experimentar no solo la "joie de vivre", sino que podría captar más cosas, conocer a sus habitantes, hacer más fotos y explorar las diferentes partes de la ciudad.

Descubrimos muchos lugares destacables durante nuestra estancia. Justo al lado del hotel, el barrio de Le Panier, con sus fachadas de colores, ese carácter de la vieja Europa y sus adornos, consiguió que me quisiera pasear por sus estrechas calles cada mañana. Es difícil no enamorarse de Le Panier y su atmósfera artística. Algunos lugares de Marsella me inspiraron para hacer más fotografía de calle y retratos de los lugareños. El Puerto Viejo, el barrio de Noailles y Cours Julien eran perfectos para capturar escenas de calle animadas, mercados de pescado, el arte de calle omnipresente y retratos varios.

Tener un coche a nuestra disposición también nos permitió visitar lugares como la iglesia de Notre-Dame de la Garde, y conduciendo un poquito más lejos llegamos al famoso edificio La Cité Radieuse, de Le Corbusier. Visitar partes alejadas de la ciudad fue un premio extra, pero la verdad es que estábamos impacientes por regresar.

"Después de fotografiar las calles de Marsella y capturar el espíritu de la ciudad, ahora me encontraba en uno de los mejores lugares para admirar el espectacular techo del Vélodrome y relajarme antes del estallido."

 

Se acercaba la hora. Faltaba poco para el inicio del partido. Después de pasar brevemente por el hotel y de hacer un almuerzo rápido en un restaurante cercano, en el salón del hotel nos esperaba Adeline, nuestra guía para la noche del jueves. Nos llevó en coche al estadio Vélodrome. Me había fijado en que los habitantes, que tenían aspectos muy distintos y vestían de forma elegante acorde con su estilo, poco a poco se iban uniformando. Cada vez aparecían más aficionados, hombres y mujeres vestidos con chándales azules, que eran claramente seguidores del Olympique de Marsella. La preparación del partido había empezado. La experiencia del fútbol que había conocido a través de la televisión quedaría a años luz.

A nuestra llegada al estadio nos recibió Nicolas, del equipo de la UEFA, que nos llevó hasta el césped del lateral del terreno de juego. Después de fotografiar las calles de Marsella y capturar el espíritu de la ciudad, ahora me encontraba en uno de los mejores lugares para admirar el espectacular techo del Vélodrome y relajarme antes del estallido. Los fans todavía no habían entrado, y mientras me paseaba por detrás de las porterías, me di cuenta de que era el mejor lugar para hacer fotos de la curvatura del estadio y de las tribunas y asientos, vacíos antes del partido. Más tarde, tuvimos la suerte de poder visitar la zona de comentaristas y ver la impresionante vista de la que disfrutan desde lo alto del estadio. Tantas vistas, tantas perspectivas… y disfruté de todas ellas en una sola visita al Vélodrome.

Y finalmente el partido empezó. Cómodamente instalados en el palco de negocios, vimos fútbol europeo, pero por todo lo alto. Un vaso de champán en una mano, deliciosa comida en la otra y mi compañero al lado, disfrutando juntos del momento. Así es como fue, con todo su esplendor.

Aficionados que van a ver partidos con regularidad, que están familiarizados con los sonidos, las canciones que entonan en el estadio junto a miles de personas, que silban a los jugadores, aplauden, patean, critican todas las decisiones del árbitro... Ver un partido en la tele puede ser divertido, pero sumergirse en esta experiencia con fans de carne y hueso es algo totalmente diferente. Después de que el Olympique de Marsella marcara el primer y único gol del partido, la gente enloqueció por completo de felicidad, levantando las manos y gritando. Si me preguntáis si era lo que esperaba, solo puedo deciros ¡que fue mucho mejor! Explorar la ciudad y mezclarme con su gente en las calles, en los bares, en los restaurantes... Y estar a su lado ahora que ganan en Europa, ¡c’est magnifique!

"La noche europea que viví con todo su esplendor en el Vélodrome fue una forma perfecta de escapar de la capital."

 

Volveré a Marsella en cuanto pueda, y también me encantaría asistir de nuevo a un partido de fútbol en la ciudad. Pasar aquí unos días y convertir un jueves en parte de un fin de semana largo lleno de diversión y descubrimientos me ha permitido entender mucho más la ciudad, y ver que aquí el fútbol es realmente una parte importante de la cultura, del mismo modo que el pastis, la petanca y la bullabesa. La noche europea que viví con todo su esplendor en el Vélodrome fue una forma perfecta de escapar de la capital.

Para obtener más información sobre el partnership entre Rent-A-Car y la UEFA Europa League, visita la página de nuestro patrocinador aquí.

Puedes ver más trabajos de Joanna en su carpeta online aquí.

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