Visor de Florencia

  • LAS TORRES DE SAN GIMIGNANO

    Entre las innumerables ciudades enclavadas en las onduladas colinas de la campiña toscana, puede que no espere encontrar un panorama que evoque ciudades grandes y bulliciosas. Pese a ello, la silueta que surge resplandeciente de las onduladas tierras de cultivo de Siena (prácticamente abarrotadas de uvas de Chianti) resulta difícil de ignorar. 

    Aunque su nombre no desvela nada, los que acuden a este asentamiento amurallado desde la sinuosa carretera proveniente de Florencia la han denominado en ocasiones con su otro alias, "la ciudad de torres finas". Afortunadamente, gracias a que está situada lo bastante lejos de los diferentes epicentros y de los promotores demasiado entusiastas que han invadido los alrededores en el pasado, esta joya conserva intacto gran parte de su encanto medieval. También se conservan sus elementos originales, cada vez menos frecuentes, entre los que se incluyen las catorce torres originales (todavía impresionantes a pesar del hecho de que llegaron a existir más de 70 de estos rascacielos). 

    La ciudad se ha hecho tan famosa en todo el mundo gracias a su arquitectura antigua, pero inusualmente urbana, que ha sido inmortalizada para siempre en las artes, desde la literatura ("El intermediario" de John Grisham) al cine ("Té con Mussolini"). El videojuego "Assassin's Creed" le permite explorar virtualmente la ciudad tal y como era en el siglo XV (mientras se escabulle de los guardas para acceder a residencias aristocráticas y hacerse con los tesoros que contienen). Pero no piense que esta es una práctica aceptable en la vida real.

    Desde los puntos más elevados de las torres (Grossa y Rognosa son las más altas), los visitantes se ven recompensados por el empinado ascenso con amplias panorámicas del envolvente valle de Elsa y vistas de los tejados etruscos, desde la fortina hasta el duomo, desde el palazzo hasta la piazza. 

    Aunque sugerir que aquí existe algo para todo el mundo pueda resultar un manido tópico de viaje, esta modesta cima situada en lo más profundo de la Toscana tiene mucho que ofrecer. Los turistas gastronómicos estarán satisfechos con su heladería famosa en todo el mundo y sus muchos otros obsequios toscanos de los campos circundantes (jabalíes, comidas con un toque de azafrán, vinos y frutas frescas). A los amantes del arte les deleitará perderse en los maravillosos frescos y obras de arte que pueblan muchas de las vistas con herencia de la era renacentista. Y, por supuesto, si busca algo que realmente ponga la guinda, la visita al Museo de Tortura Medieval le ofrecerá una experiencia que le perturbará, si se nos permite la expresión.

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